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Homero Arce 1900-1977

Homero Arce por Juvenal Jorge Ayala


Para comenzar este escrito, transcribo fielmente desde el SIBE (Sistema de Información Bio-Bibliográfico de Escritores Chilenos) de la Sociedad de Escritores de Chile, lo que sobre el poeta Homero Arce, los párrafos finales de su ficha nos dicen:

"El virtuoso sonetista Homero Arce, de un siempre pulcro vestir y hablar, el 2 de febrero de 1977 salía de su hogar a las diez y media de la mañana. Iba a cobrar su jubilación. A la salida de la Caja, varios sujetos lo apresaron y lo metieron a un automóvil, alejándose con él a toda velocidad. A las dieciséis horas lo devolvieron a su casa, moribundo, ensangrentado, con graves heridas en la cabeza.

Moriría a las dieciocho horas del 6 de Febrero en el Hospital Barros Luco de Santiago, a causa de los golpes recibidos. Considerando la represiva y oscura atmósfera política de esos años en Chile, se conjetura que su asesinato podría haber constituido un castigo a su condición de ex-secretario y, sobre todo, amigo íntimo de Pablo Neruda".

Sobre este triste hecho he sentido vivir a Homero, desde su crimen y su muerte. La noche larga y oscura de la tiranía se llevó también a un hombre bueno. El poeta iquiqueño nacido el 7 de Abril de 1900 en mi amado puerto. Pero a la poesía, a su belleza no se la mata, no la silencian. Y la poesía del ilustre Homero Arce, como dijimos, iquiqueño de nacimiento y nerudiano de adopción, continúa la fiesta infinita del canto poético en sus sonetos magistrales, exactos, suaves, armoniosos. Un arquitecto de los catorce versos era nuestro vate, profesional de la dulzura y la humildad.

Para ir armando este bosquejo reviso la historia literaria, remontándome hacia 1925, entonces junto a su hermano Fenelón Arce, Juan Florit y Germán Moraga Bustamante conformarán una verdadera familia poética. Fundarán el grupo y luego la revista Ariel, que dirigirá el destacado escritor Rosamel del Valle, otro ilustre miembro de este clan literario. Aunque la revista alcanzó a sólo dos números, luego, por 1927, aparecería otra de nombre Andarivel, que tendría el mismo fin. Estos años tendrán la fuerza de la juventud y de la amistad, literaria y personal, de Pablo Neruda y otros poetas.

Pero es justo decir que Homero siempre escribió versos, lo hizo desde niño, en la antigua revista Corre y Vuela, hallamos sus primeros versos. En esta misma revista aparecen los primeros versos del joven Neftalí Reyes. Luego compartirían las juveniles páginas de otra revista: Claridad. En medio de un movimiento rico en inquietudes, influencias y pasiones, es la hora de Huidobro, Mistral, el mismo Neruda, De Rokha, etc., o lo que es lo mismo, la hora de la gran poesía chilena de todos los tiempos.

Para situar en gran parte y de primera mano la vida y la obra de Homero Arce es necesario leer su libro póstumo "Los Libros y Los Viajes, Recuerdos de Pablo Neruda", Editorial Nascimento, 1980. Esta obra es precedida de un breve ensayo biográfico de Laura Arrué Vda. de Arce: "Homero Arce, Mi Poeta Secreto. (a manera de prólogo)", de este capítulo extractaré algunos párrafos que harán las veces de ventana desde donde asomarse a la obra del poeta.

"Conocí personalmente a Homero Arce Cabrera en el año 1928. Antes sabía de él por referencias de sus amigos, principalmente de Pablo, además de Rubén Azócar, Orlando Oyarzún, Alvaro Hinojosa (hoy Alvaro de Silva), Tomás Lago…

Mi hermana mayor, Berta, estudiante de castellano en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, fue compañera de Pablo en los "ramos generales", así como de Roberto Meza Fuentes, Rubén Azócar, Víctor Barberis, Romeo Murga, Yolando Pino Saavedra y otros jóvenes que tuvieron destacada actuación en la vida nacional…

Cuántas veces esperé a Pablo, sentada en uno de los bancos de la Plaza de Armas, frente al Correo Central. Mientras el Poeta subía las escaleras al segundo piso, donde trabajaba Homero, y volvía con diez pesos para llevarme a tomar café a un negocio de la calle Puente, frente, también, al Correo. Después me iba a dejar a casa de unas tías, donde yo vivía, en el barrio Pila de Ganso. Muchas veces me fue a ver o a buscar allí. Pablo me presentó a todos sus amigos, menos a Homero. ¿Por qué? El tiempo se encargó de darme la respuesta. Una tarde fue Alberto Rojas Jiménez el que subió en busca de los diez pesos donde Homero, y entonces bajó las escaleras del Correo, con su amigo, en mi busca.

Este fue el primer encuentro con el poeta secreto que más tarde fue mi compañero de toda la vida. Pablo estaba en la India."

"Homero nació en Iquique, histórico puerto del norte chileno, centro salitrero, comercial, marítimo, y que en la época de oro del salitre fue también centro cultural, el 7 de abril del año 1900. Fueron sus padres don Valentín Arce y doña Sara Cabrera. Siendo niño, sus padres resolvieron trasladarse a Santiago, donde nacieron sus hermanos: Fenelón Arce, poeta que falleció a los 40 años de edad, Hipatia y Eliana".

Ciertamente, Laurita Arrué fue la compañera de una vida colmada de sueños y realidades, y sus palabras nos van envolviendo, sumiendo, en la vida de Homero, en aquel pudor reconocido, humilde y amistoso, el "poeta secreto" a voces, para llevarnos por el sendero que anduvo el hombre de letras. Su vida laboral que fue compartiendo, entrecruzando con los afanes y avatares literarios, se concentrará en el Servicio de Correos y Telégrafos, donde se desempeñará hasta jubilarse, pasando por distintos puestos. Así lo ilustra Laurita:

"En su carrera administrativa, Homero se desempeñó en el Servicio Internacional de la Dirección de Correos y Telégrafos por su conocimiento del francés; secretario de la Dirección General de Correos y Telégrafos y, antes, secretario del Correo Central. Es a este último sitio donde llegaban sus amigos poetas a sacar a máquina sus trabajos, después de las horas de oficina, como él lo recuerda en su "Mágica existencia de Rosamel del Valle" (trabajo en homenaje a su amigo):

"En otras ocasiones, Rosamel me decía: 'Dejemos los libros para mañana. Présteme ahora una máquina'. A las seis de la tarde el personal de secretaría del Correo había ya terminado sus labores y seis o siete máquinas de escribir se hallaban desocupadas. El tomaba una y escribía en ella con dos dedos, sin levantar la cabeza, como picoteando el teclado. Allí copió gran parte de su libro 'Mirador'. Yo me desesperaba un poco porque no tenía nada que copiar y el mozo se asomaba a cada instante con una cara de angustia, como diciendo: ¡Vámonos, por favor!

En una oportunidad un Director General del servicio, recién nombrado, practicó una visita intempestiva al Correo Central. Este distinguido funcionario aún no conocía a nadie y entró saludando y dando la mano a todos. Con Rosamel se hallaban en ese momento otros poetas copiando versos a máquina. Me identifiqué como secretario y después de dos o tres palabras se retiró muy complacido. A la mañana siguiente fui llamado por el administrador del Correo, quien me dijo: "Secretario, debo felicitarlo. Acabo de estar con el Director General y él me ha comunicado que anoche, cerca de las ocho, lo halló a usted en su puesto con parte de su personal, y que esta laboriosidad, fuera de las horas de oficina, lo dejó gratamente impresionado". Debo advertir que en esos años las horas extraordinarias de trabajo no se pagaban. Creo que por ésta u otras razones obtuve un ascenso en mi carrera y fui trasladado a la Dirección General…"

Más tarde, Homero fue ascendido a administrador provincial de la provincia de Rancagua, y después, con el mismo cargo, en Antofagasta, donde jubiló en 1951.

Desde este momento es cuando se entrega en cuerpo y alma a la vida y obra del poeta Neruda, como secretario personal,

"… No sólo en sus libros, sino en todo lo que al Poeta se le ofrecía: compras, remates, recados, correspondencia, en sus "caprichos", por así decirlo, y que eran diarios, numerosos, insólitos. La correspondencia que no alcanzó a destruir atestigua fehacientemente todo lo que aquí hago memoria…" (Laura Arrué).

El sonetista tuvo que ceder a la presión de sus amigos y pares, especialmente de Neruda, para publicar sus versos:

"- Te pasas de tonto si no lo haces, porque yo ilustraré ese libro y será el único libro que yo ilustre." Así el "poeta secreto", aunque no para sus amigos, salió a la luz desde su privacidad" (Pág. 24).

El libro en cuestión, hoy libro-objeto por su rareza y escasez, fue publicado en diciembre de 1963, "Los Íntimos Metales", sonetos; Cadernos Brasileiros, serie Poesía, con ilustraciones y cubierta de Pablo Neruda y en versión portuguesa del poeta Thiago de Mello, gran impulsor y amigo de los poetas chilenos, además de su editor.

Jorge Sanhueza se encarga del prólogo, de allí extraigo algunas notas: "Antes de la poesía fueron los poetas. Así, por lo menos, fue siempre para Homero Arce, fervoroso compañero de generación de Pablo Neruda, Alberto Rojas Jiménez, Joaquín Cifuentes S., Rubén Azócar, Tomás Lago, Diego Muñoz, Aliro Oyarzún, y otros hombres de letras vivos o desaparecidos. Homero compartió con ellos, poetas de madura responsabilidad nacional, las luces y las sombras de la vida literaria.

Y sin embargo, Homero Arce, poeta como sus amigos, vivió por largos años guardando sólo para sí su poesía…. Pero es sabido que la poesía no admite encierros….. La lucha entre la poesía y Arce se prolongó por décadas, durante las cuales se ensayaron mil tácticas del arte bélico. Ella atacaba a Homero día y noche: en los pasillos del Correo Central, en los atardeceres de Antofagasta, en la paz de su calle… Pero lo que se sabe y de lo cual no queda duda alguna, es que Homero Arce, fino, elegante, maestro en la medida, príncipe de la amistad, es un hombre hecho a imagen y semejanza de su propia poesía, y que la vieja lucha terminó para siempre."

"Ay, hermano, como tú yo anduve
por la más ancha latitud del mundo,
toqué en la piedra el agua de la nube,
toqué las manos del amor profundo.



(El Pozo)

Este es quizás uno de los poemas más conocidos junto al soneto El Árbol, ronda y honda en el alma. Edmundo Concha, quien escribe el colofón en la edición de "El árbol y otras hojas", hace un recuerdo y homenaje de Homero, en los Cuadernos de la Fundación Pablo Neruda, Boletín Verano de 1990, donde además, por primera vez se menciona la muerte del poeta como asesinato:

"¿Y cómo es la poesía de Homero Arce en el marco de la poesía chilena? He aquí una tentativa crítica por visualizarla: Homero Arce fue asesinado el 6 de febrero de 1977 por manos anónimas, ¿Cómo es posible matar a un poeta? Desde entonces, sabiendo que ya no está más, él ha vuelto a ser para mí lo que era antes de que lo conociera: alguien extraño, distante, único, no parecido a nadie."

Luego vendría "El Árbol y Otras Hojas", en 1967 editada por Zigzag, librito de pequeño formato que traería los sonetos de la anterior publicación y otros más, pero que sorprenderá por venir antecedido por una serie de sonetos dedicados al autor por varios poetas amigos, demostrándonos una vez más, de aquel reconocido aprecio entre sus pares, transcribo algo de ellos:

"Homero, en la verdad de tu diamante
hay un fulgor de piedra y firmamento,
porque tiene razón el caminante
cuando descubre el mundo en su aposento…"
(Soneto para Homero escrito por Neruda, esperando a un amigo en el Barrio Latino de Paris, 19 de septiembre de 1965).

Por haber nacido en Iquique, Ramón Albarracín le dedica otro que inicia:

" Yo como tú, oh hermano transparente,
soy también iquiqueño de las dunas
y llevo como tú sobre la frente
espacio seco, arena de la luna…"

Breve obra, en todo caso, brevísima en su magistral composición de los catorce versos del soneto, Homero era para el resto de sus amigos, lo que creo suponer se negaba para sí mismo, Pablo Neruda dependía en gran parte de su trabajo y asistencia. Por esto trabajaba en las memorias del vate Nóbel, y el único viaje que hizo fue precisamente por este motivo a Francia, trabajo que continuó a su regreso con el Poeta en isla Negra hasta pocos días antes del fatídico y desgraciado 11 de septiembre de 1973. Recurramos nuevamente a Laura Arrué:

"La ciudad permaneció desde esa fecha en Estado de Sitio y ya no pudo volver a Isla Negra a reordenar algunas páginas como lo deseaba el poeta. En cambio, lo visitó y asistió hasta el último día en la Clínica Santa María, de la capital.

La muerte de Pablo le afectó enormemente. Seguía dedicándole (como para acercar su presencia) su cariño, su tiempo, como lo hiciera en la vida del poeta y amigo. Así escribió este libro, olvidándose de sí mismo. Una vez que consideró haberlo terminado, me dijo: "Ahora voy a escribir mis propias cosas"…

Fue demasiado tarde. Dejó algunos sonetos, la mayor parte inconclusos. Su vida fue tronchada como el corte cruel e imprevisto de una rosa que está entreabriendo su apretada floración.

"Voy a poner en orden mis papeles
antes de que mi frente se haga trizas",".

El poeta "Príncipe de los Amigos", como lo llamaba Orlando Oyarzún, el de la soledad, de la melancolía, del silencio, el sensible Homero de la vida, de sus perros y parras, pájaros y calles, fue alevosamente asesinado en tiempos oscuros, y nadie dijo nada, excepto alguna que otra voz, como la del poeta Sabella que comenta en su artículo, "de la vida derribada del poeta", término metafórico y denunciante. La hora de la muerte, precisada por su mujer, el día 6 a las 8:10 de la mañana.

"Siempre me acompañará su mirada desesperada y su grito desgarrador: "¡Defiéndeme Laurita!"… Después, silencio, sólo silencio y angustia. Así se fue de mi lado, de mi vida, físicamente, pero yo lo siento, lo oigo, siempre está presente."

Laura Arrué Vda. de Arce. Santiago, 18 de julio de 1977.

Es que indudablemente, siempre estará presente, como Neruda, como los martirizados y humillados de la historia, como los grandes hombres de la vida, que no pasan en vano, los imprescindibles de Brecht. Todo esto sigue imperturbable en el conocimiento de la vida literaria, el ejemplo y la obra de Homero. Y es así como la Fundación Neruda, en sus Cuadernos, el Número 31, del año 1997, reedita Los Íntimos Metales, donde podemos seguir rescatando anécdotas, memorias y recuerdos del poeta en mención.

Emilio Ellena, en dicha publicación, crea un artículo titulado "En el recuerdo de don Homero Arce y Jorge Sanhueza". A manera de prólogo de la reedición, anotamos y extractamos algunos aspectos sobre la personalidad y la vida de Homero:

"Posiblemente la lectura de su imagen que le dedica el poeta nortino Andrés Sabella el año de su fallecimiento podría resumir muchos de los recuerdos que se hubieran podido registrar, de existir poetas testimoniales en los distintos lugares en los que vivió envuelto entre papeles, timbres y estampillas: "Muchos recordarán, en esta ciudad, al cumplido funcionario de Correos y Telégrafos, don Homero Arce. Era un caballero moreno, de baja estatura, delgado y parsimonioso. Pero, en su rostro palpitaba, generalmente, una fortuna: la mirada límpida, una clara, inquieta y hermosa mirada para cazar el unicornio de la fábula y contemplar la medianoche de los gatos. Este detalle salvaba al poeta Homero Arce de caer en un sinfín de papeles y le permitía escribir, donosamente, para alegría de sus lectores y compañeros."

Luis Sánchez Latorre, en Radio Chilena, el 29 de enero de 1978, transmite junto a Laurita Arrué, Víctor Franzani y Hernán Cañas, Filebo dice entonces:

"Tomo la palabra para recordar a un compañero de la Sociedad de Escritores de Chile, donde lo conocí.

Sabía yo que era secretario literario de Pablo Neruda, una especie de consejero áulico, y para mí los antecedentes de Homero Arce eran aquellos. Pero de pronto leí algo que era suyo y me pareció que ese algo escapaba de la órbita de lo que era Neruda. Y me llamó la atención, porque un escritor que vive junto a Neruda y que escapa a la tremenda influencia nerudiana es un caso excepcional. Y después pude darme cuenta, como a ustedes les consta, todos hemos sido grandes amigos de él, que en cualquier sentido Homero Arce fue un hombre excepcional.

Yo creo que fundamentalmente fue excepcional en el terreno humano. Pocas veces he visto una persona de la calidad moral, de la raigambre espiritual tan fiel que tenía Homero Arce.

Cuando yo recuerdo su rostro, lo estoy viendo ahora, en este momento, ese rostro tan iquiqueño, tan del Norte de Chile, y lo veo un poco cetrino, pero al mismo tiempo transparente, claro, diáfano, estoy viendo a Homero Arce…."

Y así lo vemos, así lo he visto, ahora, cuando termino estas letras, cuando siento la presencia de Homero a quién no conocí, por cosas del tiempo, la edad o la vida. Presintiendo su bondad, rescatando su figura, recordando su obra, por esta suerte de chauvinismo cultural, correspondiente a mi amada ciudad, a mi puerto, decidido a rescatar a sus hijos literarios a las páginas blancas, vírgenes y nuevas que impriman los nombres de los hombres que por nacer, sólo por el hecho de nacer a la vida de la poesía nos perpetúan la belleza, la justicia, la alegría de la esperanza de sus versos.

Para terminar con este acápite respecto a la vida y obra del poeta Homero Arce, entre libros, hojas sueltas, conversaciones, indagaciones y búsqueda del rastro de Homero por la vida, deambulando por las calles de Santiago, la ciudad que finalmente acogiera a este célebre iquiqueño, he encontrado una pequeña pero grande muestra del amor nerudiano: un soneto de Pablo impreso en sólo 25 ejemplares por la Imprenta Libertad en 1971, por los maestros Hernán Bravo M. y Alejandro Ramírez Cid. A este último mi agradecimiento por la entrega de esta joya.

Tomado del libro:
Cuatros Poetas Iquiqueños en la Literatura Nacional:
Monvel, Arce, Massís, Hahn.
Ediciones Campvs.
Universidad Arturo Prat.
Iquique. Chile. 2001.


La vieja casa

Cerca del ancho Maule está la casa,
el hogar solariego del pasado,
de su antiguo esplendor quedó esta brasa
que aun mantiene su fuego enamorado.

Como el mar tiene el viento que lo abrasa
y le ciñe de espumas el costado,
aquí el amor iluminó sin tasa
un solar de magnolias coronado

La luna aquí vagó por corredores
y un tibio sol erró por el papayo
dejándole amarillos resplandores

Una vida nació desde otra vida
y en la heredad besada por el rayo
sigue cantando un tiempo sin medida.


El pozo

Ay hermano, como tú yo anduve
por la más ancha latitud del mundo,
toqué en la piedra el agua de la nube,
toqué las manos del amor profundo.

Una pequeña lámpara sin nombre
me alejó de las sombras del camino
y pode ver y andar hasta ser hombre,
hasta llegar a pozo cristalino

Para unos fui canto sumergido,
raíz sombría, soledad secreta,
para otos un pájaro perdido.

Pero si todo sigue y ya no vuelve,
yo quiero ser el pozo de agua quieta
que recibe la luz y la devuelve.


Elegía

Llegó tu luz y me entregó estos ojos,
llegó tu voz y me entregó este canto.
Pasaron años blancos, negros, rojos,
pasó tu vida y me dejó este llanto.

Tu vida, madre, fue una brasa leve,
un rosal en el tiempo del aroma,
el que ya derribado por la nieve
volvió nieve su vuelo de paloma.

Voy también avanzando hacia el ocaso
y heredero de días ya vacíos
nada podrá abrigarme en su regazo.

¿Y qué puertas pedirte que me abras,
si miras, madre, con los ojos míos
y es tu voz la que se oye en mis palabras?


BARCO

Hacia el poniente rosado
partió mi barco una tarde;
mansas, las velas se daban
al viento de la esperanza!

Al beso de su alba proa
el agua virgen reía,
y de su risa de espuma
rosas y estrellas nacían!

Hacia el poniente rosado
mi barco se dirigía,
y antes de surcar su reino
era una rosa encendida!

Oh, qué viaje! Oh, qué rosa!
más puro el de la distancia!
Oh, qué velamen más dado
al viento de la esperanza!


EL CAMINO

El camino lo anduve sol a luna
sin que nada mi marcha detuviera,
ni la montaña que se alzó importuna,
ni el hondo río de agua traicionera.

Todo lo fui salvando con mis pasos
y la extensión de tierra así medida
me entregó como un árbol de anchos brazos
el constante milagro de la vida.

Así fue -venturoso- hallando voces
hermanas en las puertas del camino
y en la altura el amparo de los dioses.

Ni herido, ni vencido, voy ahora
hacia el punto final de mi destino;
allá, de nuevo, asomará la aurora.


Esta información fue sacada de la página: http://www.crear.cl/literatura/2/arce/000.html, los tres primeros poemas fueron extraídos de la antología de Carlos René Correa “poetas chilenos del siglo XX” Tomo I, Zig-Zag, Santiago 1972 y los últimos dos poemas fueron sacados de la página http://rayentruvirtual.es.tl/Homero-Arce-_-poemas.htm

Joaquín Cifuentes Sepúlveda 1900-1929

Joaquín Cifuentes Sepúlveda -conocido como “el Ratón Agudo”- fue uno de principales animadores de la bohemia literaria y estudiantil de la década de 1920, además de ser uno de los principales amigos del joven Neruda, figura central en este grupo. Conocida es la anécdota que cuenta como, tras una nutrida noche de alcohol y mientras caminaban por las calles de Santiago, Neruda le comenta a Joaquín Cifuentes su intención de incorporar una nota que aclare que el “Poema 16” era una paráfrasis de “El jardinero”, de Tagore, ante lo cual Cifuentes Sepúlveda le respondió "No sea tonto, Pablo. No lo haga. Lo acusarán de plagio. Será una propaganda sensacional. El libro se venderá como pan caliente”, de lo cual Neruda más tarde se reiría al corroborar la tesis de su amigo (Volodia Teitelboim. Neruda. Santiago de Chile: Editorial Sudamericana, 2003. p. 205).
La descripción de Cifuentes Sepúlveda que Volodia Teitelboim ofrece en Neruda es, posiblemente, lo más parecido a un retrato del poeta: “Es un maestro de la cantina, un rey de la blasfemia, el que imparte a sus discípulos, como un apóstol del vino, las llamadas enseñanzas de la hombría criolla. El hombre ha nacido para tomar, para fornicar, para desafiar lo establecido. Tenía algo de anarquista primitivo. No dibujaba claramente la frontera que lo separaba del hampa. Era el predicador de una terrible y envolvente hermandad. Manejaba el lenguaje flamígero. Era el bardo del verbo insultante. El sucesor de todos los mal hablados de la historia, un fuera de la ley manejador de cuchillos y de frases como relámpagos, un semianalfabeto que tenía la sabiduría que viene de abajo cuando ésta se traduce en negación individualista, salvaje y sin destino” (p. 117).
Una vida con altibajos, errante y una poesía dolorosa y sensual, la voz de Cifuentes Sepúlveda no se ha perdido en la literatura chilena, porque en ella hay un acento de personalidad que en mucho de sus poemas se robustece y clarifica.
Poesía llena de interrogaciones y Angustia; la divina errancia lo enloquece y, entonces, alcanza categoría indiscutible.

Obras: Letanías del dolor, 1920, Esta es mi sangre, 1920, Noches, 1921, La Torre, 1922, El adolescente sensual (obra póstuma), 1930.


Letanías Del Dolor

Esta Es Mi Sangre

Noches

La Torre

El Adolescente Sensual

Juan Florit 1900-1981




Nació en Palma de Mallorca, isla que el poeta añora con honda nostalgia. Llegó a Chile en 1909 y en 1924 obtiene un premio literario. Aunque por durante largos años no publica libros, su actividad literaria es muy intensa y es uno de los fundadores de la revista “Ariel”.
El peruano Alberto Hidalgo, Vicente Huidobro y Jorge Luis Borges lo incluyen en su antología Indice de la nueva poesía americana. Por otra parte, Alberto Guillén lo selecciona en Poetas jóvenes de América, Madrid 1930.
Juan Florit es un imaginista, con grandes recursos para pintar en verso y evocar notas Intimas o bien panoramas, personas y cosas que su mirada transforma.
El mar fue una de las pasiones del poeta y no fue menos su entusiasmo por interpretar, describir, cantar esos rincones maravillosos de las gredas pomairinas. Cabe destacar que Juan Florit vibraba con la poesía contemporánea, sin olvidar la raíz castiza de su cervantino idioma.

Obras: Poesía y Tiempo, ediciones “Hacia”, 1958. Isla de Nostalgias y otros poemas. Pomaire, 7 sonetines con greda y brujos, Buenos Aires, 1968. Zarabanda en Pomaire, 1970.

Mirando el Retrato de un abuelo

Tiene el rostro de un recio castellano.
Frente árida de arrugas. Pelo escaso.
Unas cejas que están en primer plano
en la mirada dura hacia el ocaso...

Hallé en Mallorca la que fue mi abuela.
Para mis ojos heredé sus cejas.
Mi madre, su tristeza. (Amada estela,
huella azul de ternuras y consejas.)

Es un recuerdo oscuro en el recuerdo,
mi abuelo segoviano: ¡Infancia, Isla!
Lo busco entre nostalgias, y me pierdo.
¡Tras sus cejas en sombra se me aisla!


Goleta azul

Con un leve pincel la luna pinta
de colores azules, la goleta.
Se esparcen en la noche como tinta,
moviendo su sombra, el agua quieta.

Las gaviotas se duermen en las cofas,
soñando con los peces y las olas.
(escribe un marinero unas estrofas
con romances de amor y barcarolas.)

¿Los mástiles se clavan en la nube
que pasa, suavísima, por las velas?
¿Es Percy o Titta Juan, que jarcias sube
tras mi espíritu, que otea carabelas?...

¡Azul es la nostalgia! Ella me entrega:
horizontes y puertos... la goleta,
difusa, como airón, velas despliega,
pintada por la luna y un poeta...


Romance de Alicia Bon


Para un camino extraviado
vino la muerte a invitarla.
tenía la tarde, sombras.
Alicia Bon, esperanzas.


Cruzaban el cielo triste
pájaros de largo vuelo.
Los ojos suaves de Alicia,
los encontraba el ensueño.


Alicia soñaba, lejos.
Alicia estaba en la infancia.
Jugaba alegre su vida,
como una flor y una estampa.


Pero la muerte acechaba
para invitarla a otro juego:
juego de angustia y letargo,
juego de pena y de duelo.
Murió el paisaje, la tarde,
el camino en la penumbra.
Alicia se fue durmiendo,
buscando en la muerte, cuna.


Romance de Alicia Bon,
hecho de sangre y con lágrimas.
La tarde tenía sombras.
Si corazón, esperanzas.

Esta información se encuentra en la antología de Carlos René Correa Poetas Chilenos del Siglo XX, Tomo I, Zig-Zag, Santiago de Chile, 1972.
El último poema se encuentra en la página http://www.poesias.cl/animas_y_animitas.htm y la imágen en el blog www.entreunayotraoscuridad.blogspot.com que pertenece al poeta Andrés Florit, sobrino nieto de Juan Florit. A él mis agradecimientos.

Juvencio Valle (1900-1999)




Mi vida hecha a pie es un himno al Sur de Chile

Juvencio Valle nació como Gilberto Concha Riffo el 6 de noviembre de 1900, en Villa Almagro, un poblado a orillas del río Cautín, a una legua de Nueva Imperial. Allí estudió las primeras letras y a los once años ingresó al liceo de hombres de Temuco donde conoció a Pablo Neruda, quien lo bautizaría más tarde como Juvencio Silencio. Sus primeras lecturas fueron autores clásicos españoles del Renacimiento y del Siglo de Oro, entre ellos Garcilaso de la Vega, San Juan de la Cruz, Góngora, Quevedo y otros que marcarían su poesía.

A los 18 años viajó por primera vez a Santiago, dos años después regresó al sur y comenzó a escribir sus primeros poemas. En su primer libro, La flauta del hombre pan (1929), el poeta entregó una poesía descriptiva, con claros afanes de retratar la pureza del mundo paradisíaco y mitológico de los bosques del sur de Chile, lo que sería una constante en sus obras posteriores.

Tres años más tarde viajó a Santiago y publicó su segundo libro El tratado del bosque. La obra provocó diversas reacciones: un comentario de Alone y una crítica de Alfonso Reyes que dieron pie a una carta de Neruda a El Mercurio en su defensa, lo que demostró no sólo una solidaridad como poeta, sino también la amistad que los unió.

A partir de 1933, se radicó en Santiago, lo que marcó una nueva etapa en su vida y su obra; aquí comenzó una gran actividad bohemia con otros artistas de su generación. Cinco años más tarde viajó a España, como corresponsal de guerra, y envió sus impresiones a la revista Ercilla; luego, fue encarcelado por estar de lado de los republicanos.

De regreso a Chile, publicó su tercer libro Nimbo de piedra, (1941), con el que ganó el concurso organizado por la Municipalidad en homenaje al Cuarto Centenario de la fundación de Santiago, y posteriormente El hijo del guardabosque (1951). Luego de viajes y publicaciones en el extranjero, principalmente en Rumania, apareció en 1960 Del monte en la ladera, quizás el más importante de sus libros y en el que la influencia de los clásicos españoles se manifestó con absoluta claridad, mezclando la estética del Siglo de Oro con las temáticas constantes en su poesía.

En 1966 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura y realizó nuevos viajes, entre ellos a la URSS, invitado por la Unión de Escritores Soviéticos; también visitó los países socialistas de Europa y Cuba.

Juvencio Valle murió el 12 de febrero de 1999, en su casa de Santiago.



La Flauta Del Hombre Pan


Nimbo de Piedra


El Hijo Del Guardabosque


Del Monte en La Ladera

Alberto Rojas Jiménez (1900-1934)




Yo era el poeta vestido de niño,
en el año triste en que los niños rompieron flores
Alberto Rojas Jiménez

Alberto Rojas Jiménez nació en Valparaíso el 21 de julio de 1900. Sus padres fueron Alberto Rojas Guajardo y Elena Jiménez Labarca. Alumno del Internado Nacional Barros Arana, realizó estudios en la Escuela de Arquitectura y Bellas Artes de la Universidad de Chile. Su producción literaria, la que lo define principalmente como poeta y cronista, comenzó en 1918 con la publicación de trabajos en prosa en la revista Zig-Zag bajo el seudónimo de Pierre Lhéry, y terminó con sus escritos publicados en el diario El Correo de Valdivia. Formó parte de la Generación Literaria de 1920 junto a Joaquín Cifuentes Sepúlveda, Armando Ulloa, Alejandro Vásquez, Rubén Azócar, Raimundo Echevarría Larrazábal y Pablo Neruda, quien le dedicó tras su muerte el poema "Alberto Rojas Jiménez viene volando".

Fue un eximio dibujante influenciado por la pintura de Chagall, y con sus dibujos contribuyó a la difusión de grandes pintores y escultores de vanguardia. Dirigió y colaboró en el periódico Claridad, cuyos directores en su período inicial fueron Raúl Silva Castro y Rafael Yépez. También escribió en numerosas revistas y diarios nacionales. En la Revista de Educación contribuyó como crítico de arte y en Atenea hizo aportes como poeta y con artículos en los que expresó sus conocimientos sobre la vanguardia de la época. Escribió también en las revistas Gaceta de Chile y Revista de Arte. Asimismo, el diario La Nación lo tuvo como redactor en la página “Montparnasse”, en la que colaboraron en su oportunidad Luis Vargas Rosas y Juan Emar. Además, en el diario La República de Valdivia fue encargado de la columna “Kaleidoscopio”.

En 1923 viajó a París con su amigo, el pintor Abelardo Bustamante Paschin. Allí desarrolló junto a él y a Magallanes Moure inverosímiles oficios, como por ejemplo: caricaturista en bares y cafés o arrendador de un lente en las calles para que los transeúntes pudieran ver los astros. Escribió bajo los seudónimos: Zain Guimel, Pierre Lhéry y Hugo Ramiel.

En abril de 1930 publicó el libro Chilenos en París, su única obra editada. Libro de crónicas en el que plasma las impresiones y experiencias vividas en su temporada en esa ciudad; allí se referirá a la multitud de chilenos que ve desfilar por las ciudades de Europa sumergidos en la bohemia tanto de París como de Berlín. Entre los personajes allí incluidos se encuentran: Vicente Huidobro, Julio Ortiz de Zárate, Óscar Fabres, Abelardo Bustamante Paschín, Rafael Silva.

El poeta falleció en Santiago, el 25 de mayo de 1934. Sesenta años más tarde, Oreste Plath y la Biblioteca Nacional publican Alberto Rojas Jiménez se paseaba por el alba.










Juan Marín (1900-1963)




La verdad no tenía fuerza ninguna.
En cambio lo verosímil me acusaba por entero
Juan Marín

Poeta, novelista, diplomático y ensayista, Juan Marín nació en Talca, el 23 de marzo de 1900. En 1921 se tituló como médico cirujano en la Universidad de Chile. Posteriormente, ingresó a la Armada, realizando su primer viaje a Europa en 1929, como doctor de la Escuadra Nacional.

Se inició como representante de la vanguardia chilena y del futurismo con Looping, libro en el que según afirma Andrés Sabella, en los Cuadernos de poesía Hacia, “encarna al poeta-usina, sonoro como una guitarra de aluminio, viril, atlético, sediento de inmensidad...”.

Desde 1932 hasta 1934, ejerció su profesión en el Hospital Naval de Punta Arenas. Allí escribió su gran novela Paralelo 53 Sur, friso magallánico del oro, la lana y el petróleo. Con fuerte sentido social, describió los fiordos, canales y puertos; las tempestades, los naufragios, las nevazones y las lluvias de aquella agreste zona del país. Fue uno de los exponentes mayores de la literatura del mar en Chile. De esta época datan también sus libros Alas sobre el mar, Un avión volaba y Margarita, el aviador y el médico; en los que volcó su admiración por los pioneros de la aviación austral. En 1934 publicó un libro de poemas, el que tituló Aquarium.

En 1939, ingresó a la diplomacia, lo que le permitió recorrer el mundo, especialmente los países de Oriente: China, India, el Tibet y Egipto. Sobre todos escribió iluminadores ensayos, penetrando sus costumbres, culturas y religiones.

Colaboró en las revistas Atenea, Zig–Zag, En Viaje, Repertorio Americano de Costa Rica y en El Mercurio de Santiago.

Obtuvo el Premio Municipal de Santiago en 1936 por Paralelo 53 Sur, el Premio de Cuentos de El Mercurio (1937) y Premio Atenea de la Universidad de Concepción por El Egipto de los faraones (1954).

Entre los más importantes ensayos sobre Juan Marín, destacamos “Juan Marín: Las novelas sociales en un mundo a medio cocer” publicado por Alfonso Calderón en la revista Vida Médica el año 1988; y “Juan Marín, médico, cuentista, novelista” de Luis Merino Reyes, aparecido en la Revista interamericana de Bibliografía, en 1964.


Juan Marín falleció el 10 de febrero de 1963, en Viña del Mar.







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