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Enrique Lihn (1929-1988)













Pruebo, con frialdad, el gusto de la muerte...
Enrique Lihn


Enrique Lihn, una de las voces más lúcidas de la poesía nacional, nació en Santiago el 3 de septiembre de 1929. Pese a ser conocido principalmente por su labor poética, este miembro de la Generación Literaria de 1950 supo también desplegar su discurso ácido y escéptico en el ámbito de la crítica, la narrativa, la dramaturgia, el comic y el happening, convirtiéndose en un fecundo animador de la vida literaria y cultural del Santiago de su época.

Luego de estudiar en el Saint George College, Lihn ingresó al Colegio Alemán, lo que posteriormente recordó en el poema “Nunca salí del horroroso Chile”, incluido en el poemario A partir de Manhattan (1979): “Nunca salí del habla que el Liceo Alemán/ me inflingió en sus dos patios como en un regimiento/ mordiendo en ella el polvo de un exilio imposible/ Otras lenguas me inspiran un sagrado rencor/ el miedo de perder con la lengua materna/ toda la realidad. Nunca salí de nada.”

Posteriormente, el año 1942, ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Santiago, en calidad de estudiante libre de dibujo y pintura, dando cuenta de una vocación que permanecería en él, pese a abandonar la formación plástica. A partir de esta experiencia, Lihn no sólo se vincularía al grupo intelectual formado en torno a la Escuela de Bellas Artes, sino que más tarde colaboró con diversos medios de prensa en el área gráfica, publicando incluso Un cómic (1992), obra realizada en colaboración con Alejandro Jodorowsky, en la cual Lihn ofició como dibujante.

En constante actividad, Enrique Lihn participó en innumerables proyectos editoriales, como la revista Cormorán (1969-1971) y la edición del collage Quebrantahuesos (1964). También colaboró con poemas, columnas y artículos de opinión en los diarios El Siglo, Las Últimas Noticias y La Época, así como en Revista de Arte, Cauce y Apsi. Asimismo, desarrolló una intensa vida académica, vinculada fundamentalmente al Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile y a los Talleres de Poesía de la Universidad Católica.

Portador de una visión crítica y descarnada de la vida y la literatura, libros como La pieza oscura fijan hitos no sólo para su propia poesía, sino que para el panorama poético chileno en su conjunto. Por su importancia y vastedad, son múltiples los artículos y notas críticas sobre su obra, tanto en Chile como en el extranjero. Enrique Lihn vuelca en su escritura las sospechas que abriga sobre los modos de representación de la realidad en el arte, así como el constante desarraigo que atraviesa sus textos, como sucede con El Paseo Ahumada (1983), libro que también expresa otra de las líneas fundamentales de trabajo de Lihn: la poesía urbana. Otra de las características fundamentales de su obra es la constante apelación al oficio del escritor y al sentido de su hacer, línea de trabajo que desarrolla en La musiquilla de las pobres esferas (1969). De sus motivaciones y concepciones en torno a la literatura y el arte quedan las Conversaciones con Enrique Lihn, serie de entrevistas realizadas por Pedro Lastra que recorren el imaginario del poeta. Víctima del cáncer, escribió hasta el último momento de su vida, a pesar de la enfermedad, de lo que surgió el libro Diario de muerte, publicado en forma póstuma por Pedro Lastra y Adriana Valdés.

Enrique Lihn falleció en Santiago el 10 de julio de 1988.
Artículo extraido de la página memoria chilena http://memoriachilena.cl


Enrique Lihn - El Paseo Ahumada
musiq

diari


Archivo de Enrique Lihn en Letras s5 ACA


Recomendamos la página que el poeta Daniel Rojas Pachas ha dedicado a la obra y el estudio del trabajo de Lihn http://poetaenriquelihn.blogspot.com a Daniel, por cierto, agradecemos los links de los libros desde su archivo de Scribd. (carrollera)



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artículo: Enrique Lihn:
Opina sobre el "caso Padilla"
La política cultural de Cuba se caracterizó, durante doce años, por su indefinición teórica y una flexibilidad práctica hasta excesiva, pero que servía a los fines de la Revolución. Mientras esta juzgó conveniente prestigiarse internacionalmente, no dejó de atraer a los intelectuales de los tres mundos; de preferencia a los que ahora llama Fidel Castro, "las ratas intelectuales" de "esas sociedades decadentes, podridas y carcomidas hasta la médula de los huesos por sus propias contradicciones". Hubo en verdad, por parte de la Revolución Cubana, una marcada simpatía hacia los visitantes europeos procedentes de París; algo comprensible, dadas las relaciones -económicas, en primer lugar- que sostiene la Revolución con el capitalismo europeo.
El Congreso Cultural de La Habana, al que tuvimos el privilegio de asistir, proliferaban artistas e intelectuales transportados, en cantidades apreciables e indiscriminadamente, desde el Boulevard Montparnasse o la isla de San Luis, al hotel Habana Libre. Y fue conmovedor ver como estos invitados de inequívoco aspecto burguesoide y liberaloide, alzaban los puños al cierre del Congreso con un gesto de Patria o Muerte, después de estampar su firma al pié de un documento ultrarrevolucionario. Esa gente estaba, acaso en mayoría, con respecto a los mas modestos representantes del tercer Mundo, pero uno podía comprender que Cuba necesitaba hacerse de buenos amigos en ciertos lugares estratégicos.
Durante diez años, un organismo llamado "Casa de las Américas" -cuya existencia y labor no ha podido ignorar el Primer Ministro- desarrolló, con brillo extraordinario, una política de intercambio cultural con todos los países del mundo, publicitando y univerzalizando a la Revolución Cubana. La Casa de las Américas relacionó a los artistas e intelectuales latinoamericanos -no siempre de extrema izquierda- entre ellos, con sus pariguales europeos o norteamericanos, y, naturalmente, con la Revolución Cubana: una buena nueva que unos y otros se esmeraron, por regla general, en propalar a los cuatro vientos. La Casa no ofrecía su amistad a los indiferentes, rompió algunas de sus relaciones por razones de principio, pero entendió que podía establecerlas sin poner como condición una plataforma común, estrecha y drásticamente excluyente. Por algo el propio Fidel Castro en sus "palabras a los intelectuales" había expresado "Todo con la Revolución, contra la Revolución, nada". La calidad del producto cultural y el hecho de que no fuera portador de una carga político-ideológica negativa, bastaron para que circulara ese producto, libremente por la Isla, conforme a un criterio tan amplio como teóricamente insuficiente. Pero la Labor concreta realizada por los intelectuales en Cuba - nacionales y extranjeros, concursantes, jurados e investigadores- alentó la creación de una genuina conciencia literaria de Latinoamérica -necesariamente compleja, diversificada- y cumplió con el objetivo de rescatar el pasado cultural de nuestro Continente, bajo una perspectiva revolucionaria. Ahora hay que preguntarse, cuales fueron aquellos libros de los cuales, por razón de principio, no debieron publicarse "ni un ejemplar, ni un capítulo, ni una pagina, ni una letra". Sería necesario ponerlos en un nuevo tipo de abrumadora lista negra.
"El grupito de hechiceros" en cuyas manos dejaron los verdaderos intelectuales -en el decir de Fidel castro- los problemas de la cultura en Cuba, son, a nuestro entender, los exponentes de un medio social que privilegió la producción cultural de un modo, juzgando ahora, incompatible con los problemas del subdesarrollo; que le garantizó un margen incalculable de libertad de expresión y que hizo del quehacer cultural, nacional, y extranjero, una fuente de prestigio para Cuba.
El liberalismo de la Revolución Cubana en lo que respecta a la cultura, en cierto modo consciente y pragmático, es la razón social de la existencia de ese "grupo de hechiceros" y de las "dos o tres ovejas descarriadas", a través de las cuales, en verdad, ha hecho crisis el modelo de democracia socialista a la manera cubana. De acuerdo con dicho modelo, habría tenido que compatibilizarse la construcción del socialismo y la libertad de criticar. Como queda demostrado, era una incoherencia pretender cultivar cierto tipo de amistades intelectuales, en el exterior y a través de un tráfico permanente, y catalogar, al mismo tiempo, como contrarrevolucionario a quienes eran, en no poca medida, los equivalentes cubanos de esos visitantes extranjeros y el producto de una política de puertas abiertas.
Finalmente, ante los problemas y los antagonismos sociales propios de un socialismo en construcción que parece haber elegido el ascetismo de las masas y el poder irrestricto de sus dirigentes, puede haberse llegado a la conclusión de que era políticamente más útil terminar con las visitas inoportunas y, en el interior, con dos o tres ovejas descarriadas. Es así como se le ha permitido al poeta Heberto Padilla dividir su vida en dos, en una celda de Seguridad del estado, acusándose él mismo de las peores cosas y declarando a ciertos viejos amigos de la Revolución -a quienes por lo demás, mal pudo Padilla invitar personalmente- de "incuestionables agentes de la CIA".
El encarcelamiento y la conversión de Padilla ocurrieron oportunamente, unos días antes del discurso de Fidel Castro al Cierre del Congreso de Educadores de su país; discurso en el cual (¿Por una feliz coincidencia?) arremete contra los "pájaros de cuenta" "que trataron de presentarse como amigos de la Revolución", contra "los intelectuales libelistas burgueses y agentes de la CIA", "ratas intelectuales" que se hundirían a corto plazo en el tempestuoso mar de la Historia.
El discurso al que nos referimos -uno de los peores del gran estadista cubano- está lleno de apreciaciones de tal modo burdas, que parece que le hubiera sido dictado, o por la pasión del momento o por una falta de objetividad -sectarismo e infantilismo- imputable a su auditorio.
Nadie pone en duda que los 2.300.000 personas que estudia nn en la Isla constituyen un éxito educacional. La participación de ésta y de todas las masas cubanas, tendría que ser desde ya un hecho, dado el éxito al que nos referimos, en lugar del proyecto de una "verdadera revolución en nuestra educación". La verdad es que se trata de promover intelectuales orgánicos, ligados, por encima de sus respectivas especialidades, a las tareas revolucionarias, pero que , al mismo tiempo, no se desvíen de la línea política trazada por los dirigentes. Se trata, además, de fervorizar a grupos juveniles, haciéndolos protagonistas de una suerte de "revolución cultural", y en un país en que se ha decidido terminar con las promesas en cuanto a los bienes materiales.
Lo lamentable de este capítulo es que para crear un fervor revolucionario concentrado en las "satisfacciones morales", sea necesario incorporar al ritual concientizador a dos o tres ovejas descarriadas, o por así decirlo, chivos expiatorios. Lo lamentable es que sea necesario sacar la castañas con la mano del gato e imputar a otros, a los cuadros de segunda línea, una política que, como la de ciertos organismos culturales, emanaba, ciertamente, desde arriba. Lo lamentable es que se promueva el odio contra una minoría insignificante y sin influencia política ninguna, como si se tratara de un grupo de mandarines o de una aristocracia del saber, semejante a aquella contra la cual se procedió en China por razones históricas específicas. Estamos seguros de que los dos o tres o el único acusado en beneficio de esta revolución cultural cubana, en el interior del país, sólo ahora es conocido en Cuba; ahora que se ha declarado "tremendamente ingrato e injusto con Fidel", dando muestras de un grotesco arrepentimiento. En cuanto a las expresiones vertidas por el líder máximo sobre los libelistas burgueses y las ratas intelectuales, no benefician, decididamente, a nadie.
Nos preguntamos por qué, en lugar de abrumar tardíamente a sus intelectuales, la Revolución Cubana no se apoyó en ellos para proyectar y sacar adelante una política cultural adecuada a sus circunstancias, sin recurrir a un verdadero ritual primitivo, hecho de ocultamientos, confesiones y mistificaciones.
La legítima aspiración por parte de una sociedad socialista, de crear un cultura nacional y popular, debe plantearse en potros términos y conforme a otros principios.

Santiago, 17 de mayo de 1971

Humberto Díaz-Casanueva (1906-1992)



Preguntas en torno a la trascendencia


El poeta, diplomático y educador Humberto Díaz-Casanueva nació el 8 de diciembre de 1906, en Santiago, en el seno de una familia de clase media católica, y recibió una formación religiosa durante su infancia. En 1914 ingresó al Liceo de Aplicación, del que fue expulsado el año 1921, al fundar el grupo de estudios Centro José Ingenieros y ser acusado de “hereje” por un profesor de religión. Continuó sus estudios en la Escuela Normal José Abelardo Núñez, obteniendo su título de profesor normalista a los 17 años.

En la primera mitad de los agitados años '20, Díaz-Casanueva comenzó a relacionarse con el ambiente literario e intelectual de la época, en el que conoció a Vicente Huidobro, Gabriela Mistral y Pablo Neruda, entre otros. De esos años, data su amistad con el poeta Rosamel del Valle, unión poética y fraternal que perduraría hasta la muerte del segundo. En 1926, Humberto Díaz-Casanueva publicó su primer libro, El aventurero de Saba, a la vez que participó activamente en las movilizaciones del profesorado en pro de la reforma educacional. La actividad gremial y política que desarrolló lo llevaría a su primer exilio en 1928, bajo la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo.

Poseedor de una poesía muchas veces catalogada de hermética, Díaz-Casanueva desarrolló en sus textos una poética que suele moverse en los límites de lo místico y la filosofía metafísica, como exhiben estos versos de La estatua de sal (1947): “Aquí está el mundo aparente y adentro el mundo sellado y ambos me son/ recíprocos y en ambos escarbo/ buscando la fuente que me derrama”. La suya es una búsqueda constante de preguntas en torno a la trascendencia y la existencia del hombre, evidenciada en gran parte de su proyecto escritural, como Réquiem (1945), La hija vertiginosa (1954) o El hierro y el hilo (1980), inspirada en su hija Luz Maya. Su obra funciona -al decir del poeta y crítico Naín Nómez en su Antología crítica de la poesía chilena, tomo II- “como puente entre el surrealismo y los antiguos poetas románticos y simbolistas”, en un momento de la poesía chilena dominado por las tendencias vanguardistas que surgieron en la primera mitad del siglo XX. Dan cuenta de ello diversos artículos y notas de prensa, de autores de la talla de Gabriela Mistral y Rosamel del Valle, entre otros.

Hombre de diversas capacidades, Humberto Díaz-Casanueva conjugó su oficio de poeta con su compromiso humano, desarrollando importantes labores de difusión y denuncia en torno al tema de los Derechos Humanos y la segregación racial. Estos y otros temas los abordó desde diversos discursos, escritos y artículos, así como desde su misma producción poética, como es el caso de El niño de Robben Island (1985). Además, desarrolló una larga carrera diplomática y académica, que se extendió incluso después del Golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende, de cuyo gobierno Díaz-Casanueva fue embajador ante la ONU.

Miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, se hizo merecedor del Premio Nacional de Literatura en 1971. Humberto Díaz-Casanueva murió en Santiago en 1992.

Texto extraído de Memoria Chilena




Armando Uribe Arce (1933)




de Memoriachilena.cl:

Odio lo que odio, rabio como rabio

Armando Uribe resulta ser, para el observador de la sociedad chilebna surgida después de la dictadura militar, un ave rara. Y es que este jurista, ex diplomático, poeta y ensayista se ha convertido en una suerte de vigía de la conciencia nacional, disparando sus dardos sobre la hipocresía y la injusticia que, según él, campea en nuestro país. Célebres han sido en este sentido sus cartas abiertas a personajes de la vida pública, y lo mismo sucedió con El accidente Pinochet, diálogo que el poeta mantuvo con el filósofo Miguel Vicuña durante el proceso que el general sufrió en Londres.

Para Uribe Arce la rabia es el motor de una actitud vital que no deja de indignarse ante el estado de cosas que le tocó vivir, y que se expresa con potencia tanto en sus ensayos como en su poesía. En esta última, la voz de Armando Uribe se vuelve un desgarro para enfrentar las constantes de su obra poética: el dolor, la persistencia de la muerte, el asombro ante la divinidad. De esta madera están hechos libros como Odio lo que odio, rabio como rabio (1998), el volúmen doble que contiene Los ataúdes y Las erratas (1999), y Contra la voluntad (2000), dentro de su producción más reciente, y los poemarios Transeúnte pálido (1954), El engañoso laúd (1956) y No hay lugar (1970), libro de amor y angustias dedicado a quien fue su musa y compañera durante largos años, su esposa Cecilia Echeverría. Destacan tambien: Pound (1963), Por ser vos quien sois (1989), Las críticas de Chile (1999) y El fantasma de la sinrazón & El secreto de la poesía (2001).

En la vida de Armando Uribe, quien nació el 28 de octubre de 1933, las letras han sido una constante, ya sea a través de su obra poética, de sus ensayos políticos y literarios -como Léautaud y el otro- o de sus escritos jurídicos e históricos, entre los cuales destaca El libro negro de la intervención norteamericana en Chile (1974), publicado originalmente durante su exilio en Francia y que estuvo durante largos años prohibido en nuestro país.

Armando Uribe, de quien él mismo ha escrito que “nació en Santiago hace más años de lo necesario”, utiliza el sarcasmo como arma de ataque y defensa en un mundo que se le ha vuelto ajeno, incomprensible para su estampa quijotesca y refinadamente culta. Hombre de principios firmes, la trayectoria de Uribe Arce ha resultado impecable en prácticamente todos los ámbitos en que se ha desempeñado, desde la docencia a la poesía, de la diplomacia hasta la jurisprudencia.

Es por eso que este poeta y ex embajador del gobierno de Salvador Allende en China, ha despertado un abierto interés tanto por su obra como por su opinión, lo que se ha expresado en numerosos comentarios críticos, entrevistas y notas de prensa. Y es así como Uribe, citando al escritor Pablo Azócar, se ha convertido en “un imprescindible en este país de pesos ligeros e intelectuales que se llenaron de telarañas en una carrera sorda de dinero y fama y poder”, llegando a ser distinguido el 30 de agosto de 2004, con el Premio Nacional de Literatura.
NO Hay Lugar


Odio Lo Que Odio, Rabio Como Rabio



ENTREVISTA:

"No tengo nada de simpático"


Por María Teresa Cárdenas
Revista de Libros de El Mercurio, viernes 3 de septiembre de 2004.

Lo dice en sus poemas y se esfuerza por reafirmarlo con sus opiniones. Pero el nuevo Premio Nacional de Literatura ha demostrado sobre todo ser un gran poeta, desde sus primeros versos hasta sus libros recientes: "De Muerte" y "Las críticas en crisis".
Armando Uribe es como Chile. Largo y flaco, como su geografía; extremadamente formal y tímido, como su gente. Lleno de relieves. Y volcánico.
"¿Qué destino espera a este poeta, que ya en su adolescencia posee el milagro de un verbo vivo y castigado en un afán de exactitud? Su camino está en la fidelidad a su propio ser". Fiel a sí mismo, a su destino poético, a su carácter difícil, a su ironía, a su inconformismo, a su timidez y a su vasta cultura, Armando Uribe Arce obtuvo esta semana el más alto reconocimiento de las letras chilenas, respondiendo de la mejor manera esta interrogante de Roque Esteban Scarpa.

Convencido de la calidad literaria de su discípulo, uno de los más aventajados de la Academia Literaria del Colegio Saint George y director en esos años de la revista "El joven laurel", Scarpa se aventuró a hablar de su poesía y a citar algunos versos en El Mercurio del 10 de octubre de 1950, días antes de que el joven Uribe cumpliera 17 años y cuando aun no había escrito un libro, ni pensaba hacerlo. El primero de una lista que finalmente resultaría bastante larga es Transeúnte pálido, de 1954. "Su poesía es tan suya —escribe Scarpa—, que sólo un círculo literario reducido la conoce. El pudor de su alma se defiende de los estragos de la difusión y el éxito".

Por eso, conociéndolo, dice en su crítica: "¡Qué él me perdone la traición que cometo!". "Mire, no se lo perdono", cuenta Uribe que le dijo al día siguiente. Cincuenta años después, sigue —según él— sin perdonarlo: "no por modestia, sino por horror al exhibicionismo". Más aun, lo culpa de haberlo obligado a seguir con este asunto de los versos.

Algunos años menor que Uribe y compañero en la academia del Joven Laurel, el abogado y escritor Hernán Montealegre cree que esas palabras son "parte del juego de Armando" y que al margen de la timidez, que él insiste en disfrazar con ropajes de indiferencia e incluso de soberbia, le falta algo de racionalidad. "Armando es muy emotivo, y trata de ocultarlo diciendo frases lapidarias".

¿Quién podría poner en duda que sus categóricas intervenciones lo han convertido en todo un personaje, y que incluso lo han llevado a encarnar una paradoja? Aunque no aparece en televisión —salvo esta semana, a propósito del premio— y desde 1998 prácticamente no sale de su casa, es consultado por la prensa respecto de cuanta polémica surja en cualquier tema de su dominio, que son muchos, o en aquellos en que sólo se necesita una opinión fundada, aguda y sin contemplaciones.

Abogado especialista en derecho minero, hizo clases en las Universidades de Chile y Católica; en la Michigan State University (Estados Unidos), Universitá degli Studi de Sassari (Italia) y París I (Francia). Trabajó en la Comisión de Energía Nuclear, fue diplomático... Un extenso
curriculum y sobre todo una amplia cultura —"discúlpenme, no he hecho más que leer en mi vida"— que avala su actitud crítica frente a la sociedad, asumiendo así el perfil del artista contemporáneo, en crisis con su entorno. En la base, sin embargo, Montealegre identifica una filosofía que hace coherente su postura: "Armando tiene una conciencia moral muy fuerte, muy lúcida, y por eso hay cosas de nuestra sociedad que le chocan profundamente. Yo creo que él, internamente, piensa que frente a esta sociedad no tiene más remedio que aislarse y vivir como una persona extravagante, porque no calza con esos valores. Desde ese punto de vista, su extravagancia termina siendo una profunda coherencia con él mismo, con sus valores y con lo que él cree".

"Declaro no haber sido niño"
Fidelidad a sí mismo, diría Scarpa, porque todo indica que desde muy niño Armando Uribe se sintió incómodo. Aunque, siguiendo con su juego, se encargue de desvalorizar los propios recuerdos: "¡Esta pedantería de querer tener infancia...!" escribe en Caballeros de Chile, un ensayo biográfico publicado en francés durante sus primeros años de exilio en París y reeditado en Chile hace apenas un año, por Lom.

"Declaro no haber sido niño, no haber carecido nunca de uso de razón. Los recuerdos infantiles que ostento, llamándolos 'infantiles', son todas invenciones de ahora", aclara recién iniciado el libro. Invenciones o no, es fácil imaginar al pequeño Armando escondido durante horas en un rincón oscuro, inventando conversaciones con los muebles o con las tablas del suelo. "El arte de esconderse es no ser encontrado", piensa Uribe-adulto-niño, aunque ahí precisamente está el peligro. Por eso había que hacer ruido, señales que ofrecieran alguna pista, no vaya a ser que no lo encontraran nunca. Más de sesenta años después, Uribe sigue practicando el juego, aunque ya no necesita dar más pistas, todos saben cómo hallarlo.
Incómodo. A disgusto. "No me entiendo bien con los Padres norteamericanos (del Saint George, que para él es hasta hoy el San Jorge) ni con los profesores. Con los compañeros de clase me entiendo mal". Tenía catorce años, y había empezado a escribir. La situación no es mucho mejor en su casa. Hermano mayor de tres mujeres, el ensimismamiento no lo abandona, tiene los "ojos vueltos hacia adentro" y nadie le saca palabra. En cambio, se encierra en su pieza, y escribe. Escribe pensando en su abuelo, el pater familias que ya ha muerto.
Fue en esos años de primera juventud cuando vio en la revista "Zig-Zag" una fotografía que lo deslumbró. Obsesivo y empeñoso y sobre todo poeta, pasó años buscando a la joven retratada. En 1957 se casó con ella. Cecilia Echeverría se convirtió así en la compañera y la musa, a quien le ha dedicado sus Memorias (Sudamericana) y hoy, dos años después de su muerte, el poeta declara amar con más fuerza.
Amor y muerte. "¿Que el amor sea lo más fuerte?/ ¡Aquí voy yo dice la muerte!/ Si me llaman amor... de acuerdo:/ amo muy mucho a los que muerdo..." (Las críticas en crisis, Lom, 2004). La muerte nunca ha sido extraña para Armando Uribe. Desde sus más tempranos poemas —algunos recogidos en libros muy posteriores, precisamente gracias al empeño de Cecilia de guardar todo papel escrito— ya existe conciencia de ella en su obra. Y si en la niñez fue su abuelo el que representó con más fuerza el paso de ésta a otra vida —en la que por cierto Armando Uribe cree—, ya de adulto ha tenido que enfrentar tantas otras muertes, aunque ninguna tan dolorosa como la de uno de sus cinco hijos y la de su mujer.
"La muerte andaba por la casa/ sin decidir a quién buscaba./ Se escondía por los rincones/ y los armarios y los clósets./ En los escritorios de noche/ leía poesías eróticas./ Eligió entonces al más joven/ y lo sedujo con artes mortuorias". (De Muerte, Universitaria, 2004).

Tiempo para versitos
La muerte. Una constante en la obra de un poeta que por momentos ha renunciado a serlo... o a parecerlo. Como en aquellos quince años de exilio en París, hasta donde llegó con su familia desde China, después del abrupto término del gobierno de Salvador Allende y, en consecuencia, de su cargo de embajador. No estaban los tiempos para publicar versitos, diría a su regreso. Pero sí para la denuncia. En ese contexto apareció El libro negro de la intervención norteamericana en Chile (1974), un tema que había investigado de cerca como funcionario diplomático. Sus alumnos de la antigua Sorbona de París nunca supieron que el adusto catedrático chileno también escribía "versitos".
La fidelidad con la poesía se mantuvo, pero más profundamente la fidelidad con las palabras, expresada en una contundente obra en la que también figuran, y con decoro, las traducciones, los ensayos literarios, las cartas abiertas, el diario, las obras legales e incluso un Repertorio de palabras de la ley penal chilena, en cuya elaboración trabajó casi tres años, en una época en que no existía el computador y llegó a reunir 23 mil 500 fichas. Pero que nadie se engañe, para Armando Uribe están muy claras las diferencias: "las palabras de la ley persuaden por la fuerza; las de la poesía, esas palabras cargadas de energía, de sentido incluso insensato, sólo pueden persuadir por su propia fuerza espiritual".
Con esa fuerza, expresada en libros tan notables como Odio lo que odio, rabio como rabio (Universitaria, 1998), Por ser vos quien sois (Universitaria, 1989) o A peor vida (Lom, 2000), Armando Uribe no sólo ha sido fiel a su destino, sino que ha compartido con anónimos lectores sus más profundas inquietudes, sus obsesiones, su ironía, su juego. Uribe juega, pero muy en serio. También juzga, y es implacable. Pero se cuida de no ir contra sus valores de buen cristiano. Así, por ejemplo, ante el cuestionado título de uno de sus libros, aclara: "yo digo odio LO que odio, no digo odio a LOS que odio, que es lo que nos enseñaron, y se puede saber por ley natural: que hay que odiar el mal, no al malo".
La caridad, en todo caso, o la falta de ella, empieza por casa: "A mí me gusta ser amargo./ No tengo nada de simpático./ De neurasténico sí tengo./ Se demuestra en que yo me cargo./ Con violencia soy un apático./ Y ya estoy viejo para ser más luengo".


CURIOSA SIMILITUD DE URIBE CON POUND
Según lo transparentan sus palabras (Armando Uribe), emprendió el estudio de Ezra Pound seducido por lo espinudo del personaje, por su cara áspera, por su temperamento hosco y su temperamento intratable. Esa calidad de puerco espín rebelde lo atrajo. Joven, curioso, erudito, infatigable observador, se dijo que los autores fáciles, los poetas que al instante se entregan y conquistan, causan, sin duda, gran deleite, pero no enseñan nada nuevo, no pueden ampliar el círculo de ideas en que el lector se mueve. Para hacerlo salir y ensancharlo, para llevar más lejos su captación sensible, necesítense justamente esos enigmáticos, obscuros, erizados, que exigen pasarles una y otra vez la mano por el lomo para amansarlos.
Al toparse con Ezra Round, esa fiera, pensó: Este es mi tipo.
(...)
El Pound de Armando Uribe, que es, sobre todo, una flecha y una sonda, para muchos será también una senda. Por mi parte confieso humildemente que, más que el retratado, me place el retratista. Lo hallo de primer orden. Los descubrimientos que hace, las novedades que indica, los rumbos que señala. Bueno. Él sabrá. Para ser del todo sincero, debería repetir el verso galante del siglo XVIII: "Si vous voulez que je vous aime / rendez-moi l'age des amours..."

(Alone, El Mercurio, 9 de febrero de 1964)









Juan Luis Martínez Holger 1942 - 1993



Juan Luis Martínez Holger, (Valparaíso 7 de julio de 1942 - Villa Alemana, 29 de marzo de 1993). Poeta vanguardista y artista visual chileno.

Considerado como uno de los poetas más lúcidos de su generación por su autoría literaria, su erudición y por su ingeniosidad como artista visual, fue hijo de Luis Martínez, quien fuera Gerente General de la Compañía Sud Americana de Vapores y de una madre de origen nórdico que pertenecía a una familia muy conservadora. Su vida transcurrió fundamentalmente, entre las ciudades de Valparaíso, Viña del Mar y Villa Alemana, donde realizó su obra, que parte de un cuestionamiento a la creación literaria y artística tradicional. Durante su período creativo de juventud mantiene una estrecha relación con poetas y escritores tales como Nicanor Parra, José Donoso, Martín Cerda, Enrique Lihn, Pedro Lastra, Raúl Zurita, Sergio Badilla Castillo, Eduardo Parra Pizarro, Gustavo "Grillo" Mujica y Juan Cameron.

Juan Luis Martínez abandonó el colegio, recién iniciados los estudios secundarios, y entre los quince y los veinte años vive intensamente una vida bohemia en Valparaíso, mezclado en la miscelánea popular y pintoresca que tenía esa ciudad a fines de los años cincuenta. Martínez será considerado un muchacho rebelde, tanto por su familia como por la gente que lo identifica por su larga cabellera, un rasgo inusual en ese período histórico de Chile. Nunca más regresará a un aula estudiantil, pero por las influencias culturales que lo rodean, comenzará una larga etapa de lecturas y aprendizaje autodidacta. El traslado de su familia de Valparaíso a Viña del Mar, lo inquieta y le desagrada, debido al cariz de emergencia burguesa que representa la urbe balnearia; por eso mantendrá una relación profunda y sentimental con su ciudad de origen, con la bohemia porteña, que se reúne en los bares: Roland, Yako, Inglés, Alemán, Pajarito, incluso en el agonizante y clásico Siete espejos.

Es tal vez su origen de porteño, con su cosmopolitismo simétrico lo que determinará que Juan Luis Martínez, durante su vida, opte por mantener una severa distancia de los círculos de poder, sean estos académicos u orgánicos, para desarrollar sus postulados artísticos y estéticos. En su obra visual construyó una ceñida analogía entre el objeto artístico y el discurso o entre la visualidad y la palabra.

La nueva novela, su primer libro, fue entregado por el propio Martínez a Editorial Universitaria de Valparaíso, en el año 1971, con el nombre de Pequeña cosmogonía práctica, allí, luego de permanecer alrededor de dos años sometido a juicio crítico, fue finalmente rechazado. Hoy, La nueva novela, es considerada una obra clave de la poesía contemporánea chilena e incluso calificada por la crítica especializada como, un epítome indiscutible de intertexto, donde se confabulan citas efectivas e imaginarias, que conducen a un entramado de arquetipos y reverberaciones en que se transfigura el texto, construido además con dispositivos gráficos.

Juan Luis Martínez padeció durante largos años de diabetes, enfermedad lo que fue minando, paulatinamente, su vitalidad y le provocó una necrosis tubular de sus riñones, pero, aun así, mantuvo una nutrida relación con poetas de diferentes generaciones que lo visitaban en su librería en el pasaje Saleh, de Viña del Mar, o en su domicilio, en calle Fresia de Villa Alemana. Durante las últimas dos décadas de su vida debió someterse, entonces, de manera estoica y permanente, a diálisis, situación que no impidió que, incluso, un año antes de su muerte, viajara a París, (su única salida al exterior) invitado por el Ministerio de Cultura de ese país, en el programa "Les Beaux Extrangeres".

Sus restos mortales descansan en el Cementerio Nº2 de Valparaíso, a la altura del Cerro Cárcel.



Obra:

    * La nueva novela. Santiago de Chile: Ediciones Archivo, 1977. 152 p.
    * La poesía chilena. Santiago de Chile: Ediciones Archivo, 1978. 40 p.
    * La nueva novela. Santiago: Eds. Archivo, 1985 (edición facsimilar de la 1º ed.). 147 p.
    * Poemas del otro: poemas y diálogos dispersos. Santiago de Chile: Eds. Universidad Diego Portales, 2003. 113 p.
    * Fragments. Traducción al francés de Beatrice de Chavagnac. Edición, Nota y diseño de Gustavo Mujica. Editions Boite Noire, L'agence AD'HOC, L'Association Dialogue entre les Cultures. Le Ministere de la Culture et la Francophonie. París, Francia, 1993. 24 p.
    * Aproximación del Principio de Incertidumbre a un proyecto poético. Santiago de Chile: edicionesnómade, Galería D21, 2010. 62 páginas no foliadas.

Bibliografía general

    * Revista Descontexto N°4 (dedicada íntegramente a Juan Luis Martínez). VV.AA: Santiago, 2002. 144 p.
    * Campos minados. Brito, María Eugenia(literatura post-golpe en Chile). Santiago: Cuarto Propio, 1994. 192 p.
    * “J. L. Martínez: Bloqueo lírico y desbloqueo". Fariña, Soledad y Hernández, Elvira. Merodeos en torno a la obra poética de Juan Luis Martínez. Santiago: Intemperie, 2001. pp. 22-26
    * "Variedad poética de la negación", Ideas y ocurrencias. Cordua, Carla.Santiago de Chile: RIL editores, 2003. pp. 45-57
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    * 3 poetas visuales. Millán, Gonzalo, Adriazola, María Teresa y Correa, Eduardo. Santiago de Chile: Galería Gabriela Mistral, 1997. 27 p.
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    * "La nueva novela de Juan Luis Martínez:(primer intento)/... Jorge Rosas Godoy. ©1996. Tesis para optar al título de Profesor de Educación Media en Castellano. Universidad del Bío-Bío. Depto. de Artes y Letras (Chillán-Chile). En http://werken.ubiobio.cl/ [búsqueda por autor- ver más información]
    * "La Nueva Novela o la lógica de la ilusión:una estética de los nuevos tiempos." Jorge Rosas Godoy. ©2005. En http://www.letras.s5.com/archivorosas.htm
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    * "La nueva novela o la lógica de la ilusión:una estética de los nuevos tiempos." Jorge Rosas Godoy. Universidad de Chile Facultad de Filosofía y Humanidades Departamento de Literatura Escuela de Postgrado. Tesis para optar al grado de Doctor en Literatura.©2006.
    * "Estructura superficial y profunda en la Nueva Novela o la lógica de la ilusión: una estética de los nuevos tiempos." Jorge Rosas Godoy. En http://www.critica.cl/html/rosas_godoy_04.htm art. publicado el ©11/04/2007.

Crítica Literaria

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    * “Muy temprano para Juan Luis Martínez”,Filebo. Las Últimas Noticias, 4 de abril de 1993. p. 35.
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    * “Por delicadeza, yo perdí mi vida”. MMP. El Canelo (43): 23, mayo de 1993
    * “La deconstrucción del logos: Monarca, Patricia.(una nota de La nueva novela del poeta Juan Luis Martínez”, Aérea (1): 149-151, octubre de 1997.
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    * “¿Han desaparecido las señales de ruta?”, Navarro Cendoya, Nelson. El Llanquihue, 14 de octubre de 2000. p. A20.
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    * “Representarán obra de poesía visual de Juan Luis Martínez”, PCG. La Estrella, 12 de diciembre de 1997. p. 31.
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    * “El huevo de Rodas”, Vassallo, Eduardo. La Nación, 18 de agosto de 1990. p. 14.
    * “La transparencia”, Vicuña Navarro, Miguel.Piel de Leopardo (3): 28-29, 2º trimestre, 1993.
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Juan Luis Martinez La Nueva Novela                                                            

Otra reseña de Juan Luis Martínez
Por Roberto Careaga C.

Poco después de un año de publicar ese libro sorprendente y único llamado La nueva novela, el poeta viñamarino Juan Luis Martínez puso en circulación algo parecido a un libro en el que prescindía de los poemas: La poesía chilena es una pequeña caja que contiene los certificados de defunción de Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Pablo de Rokha y Vicente Huidobro... y poco más. Corría 1978. Luego optó por el silencio. Mientras las leyendas en torno a su biografía crecían proporcionalmente al prestigio de su obra, él trabajaba de espaldas al mundo en su casa de Villa Alemana. En mayo de 1991 Martínez le dijo al filósofo francés Félix Guattari lo que hacía: "Pretendo un libro intolerable". Murió dos años después.

Aspirante a "disolver totalmente la autoría", Martínez (1942-1993) fue un caso raro en la poesía chilena. Deudor de las vanguardias francesas y de los Quebrantahuesos, de Nicanor Parra, evitó los poemas tradicionales y arriesgó un camino plagado de referencias plásticas. En su juventud fue un asiduo a la peleas callejeras y asolaba Viña del Mar sobre su vespa BMW. Después de llevar su vida "hasta los márgenes sociales", se volcó a la poesía. Fascinado con "irradiar una identidad velada", como dijo en una de sus pocas entrevistas, controló tanto la difusión de su obra que se convirtió en un poeta secreto. El autor de culto por excelencia de Chile.

Después de morir, los rumores sobre Martínez siguieron. Justo antes fallecer habría terminado su último proyecto. Sólo faltaba ensamblarlo. Sin embargo, decía la leyenda, le pidió a su mujer, Eliana Rodríguez, destruir todos sus inéditos. Algo hay de verdad. La viuda ha postergado la destrucción, pero también ha rescatado lo que nunca pidió ser eliminado: Aproximación del principio de incertidumbre a un proyecto poético, el libro del que Martínez le habló a Guattari, se publicará la próxima semana. Sólo se editarán 150 ejemplares. Nada raro para un autor de libros por el que hoy se pagan hasta $ 150 mil pesos.

Un nombre tachado
Es el regreso de Martínez. El 18 de marzo se inaugurará en la Galería D21 Señales de ruta, la primera exposición de sus trabajos plásticos, y se lanzará el libro en que el poeta trabajó por 15 años silenciosamente. A cargo del rescate está el poeta Ronald Kay, quien además de curar la muestra se encargó de darle la forma definitiva a Aproximación del principio... Kay fue respetuoso: sólo ajustó la claridad de las 57 imágenes que componen el libro y Martínez formó sobre la base de collages y fotocopias y más fotocopias.

Siendo editor de Universitaria en 1971, Pedro Lastra aceptó publicar un libro sin precedentes en la poesía chilena, que mezclaba recortes, juegos lingüísticos, trucos lógicos, poesía tradicional y cientos de citas. "Hecho con escombros", decía Martín Cerda. Aún era Pequeña cosmogonía práctica, pero después del golpe de 1973 pasaría a llamarse La nueva novela. Por esos años, Martínez vívía en Concón con su esposa y Raúl Zurita, casado con la hermana del poeta, quien trabajaba Purgatorio. Los dos viajaban al taller literario de Enrique Lihn en Santiago.

Después de que en 1975 Kay editara la revista Manuscritos, del Departamento de Estudios Humanísticos de la U. de Chile, Martínez le pidió ayuda para terminar de organizar su libro. Lo publicó en enero 1977, tras una rigurosa elaboración artesanal. El nombre del autor iba tachado (Juan Luis Martínez), demostrando las ansias de Martínez por borrar su identidad. Puesta en escena del vacimiento del lenguaje y del ocaso de la modernidad, La nueva novela, y luego La poesía chilena, cosecharían lentamente una corte de seguidores entre los que se contarían Enrique Lihn, Armando Uribe, Miguel Serrano, Roberto Merino y decenas de poetas jóvenes que peregrinaron en los 80 a Villa Alemana. Martínez los recibía a todos.

En 1992, ya cada vez menos secreto, Martínez recibió la beca de la Fundación Andes para terminar Aproximación del principio... Ordenado a través de las combinaciones del I-Ching, el libro funciona como un síntesis de su obra. No hay poemas. Sólo se leen ocho conceptos: La muerte de los poetas; el libro en el libro; anominia; idea del doble; la copia es el original; pluralidad; filosofía del libro y ausencia del autor. Bastan para resumir la poética de Martínez. Si es un libro intolerable, está por verse.

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