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Arturo Aldunate Phillips (1901-1985)




Todos mis libros son, en realidad, uno sólo, continuación, uno del otro

Arturo Aldunate Phillips fue un hombre versátil: ingeniero, estudioso de la ciencia, ensayista, poeta, profesor, deportista, un conocedor de varios idiomas, en resumen un gran investigador de todas las disciplinas del saber. Quienes conocieron a este intelectual, nacido el 9 de febrero de 1902 en Santiago, destacaron en él su inmenso interés por las ciencias, las matemáticas y también la literatura, tres campos del conocimiento que supo combinar muy bien para la producción de su obra.

Su inclinación por las letras comenzó en el Instituto Nacional, cuando su profesor Samuel Lillo le hizo leer la mayoría de los clásicos españoles. Una vez egresado, sin embargo, decidió seguir la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad de Chile, orientando así su camino hacia el mundo de las matemáticas. No obstante, siguió cultivando su pasión por la lectura y en 1921 publicó su primer libro, un conjunto de poemas que tituló Era una sirena.

Tras esta primera publicación, Aldunate Phillips trabajó como ingeniero asesor en numerosas compañías industriales. En esta misma área lanzó un libro sobre economía en 1934: El problema de las utilidades y de la crisis económica actual. Dos años después, para sorpresa de todos, dictó una conferencia sobre Pablo Neruda, en un tiempo que no se habían efectuado aún estudios sobre este poeta. Tan exitosa fue la acogida de la conferencia, que la editorial Nascimento la publicó en formato de ensayo. Posteriormente, en 1937, dictó otra conferencia en la Universidad de Chile, esta vez sobre Federico García Lorca.

Por mucho tiempo, Aldunate Phillips fue reconocido como un destacado ingeniero y para muchos era desconocida su faceta de escritor. Sus libros, además, trataban casi exclusivamente temas científicos y de ingeniería. Sin embargo, paulatinamente fue proyectando su interés tanto literario como científico en el género ensayístico. Así en 1940 dio a conocer un libro muy adelantado para su época, Matemática y poesía: ensayo y entusiasmo, donde intentó relacionar esas dos áreas supuestamente antagónicas. En los años siguientes publicó libros sobre materia política y económica: Estados Unidos: gran aventura del hombre (1943) y Un pueblo en busca de su destino: Chile, país industrial (1947).

Desde 1953, decididamente se concentró en la escritura científica humanista. Ese año presentó Al encuentro del hombre, un ensayo de tendencia más filosófica, donde efectuó un análisis del destino del hombre. Luego, en 1958, escribió Quinta Dimensión, un texto revisado y más completo sobre la misma temática.

En los años siguientes fue nombrado miembro de la Academia Chilena de la Lengua y correspondiente de la Real Academia española. Asimismo, fue designado miembro de la Asociación de Escritores Científicos.

En 1964, publicó Los robots no tienen a Dios en el corazón, por el que obtuvo el Premio Atenea de la Universidad de Concepción. Los siguientes años fueron muy prolíficos, en los que editó de manera sucesiva numerosos libros de ciencia. En 1976, fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura. En ese momento se encontraba enfermo y a punto de perder completamente la vista. En 1981, publicó su último libro de humanismo científico: Luz, sombra de Dios: por la ciencia hacia el creador del universo. Falleció el 24 de junio de 1985.


Rosamel Del Valle (1901-1965)




Más allá de la metáfora y de las cosas

Rosamel del Valle es uno de los poetas chilenos más importantes del siglo XX, siendo su obra, junto a la de Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Humberto Díaz-Casanueva y Pablo de Rokha, piedra fundamental del período de las vanguardias

Hijo de padres campesinos, nació en Curacaví el 13 de noviembre de 1900, bajo el nombre de Moisés Filadelfio Gutiérrez Gutiérrez. Emigró a Santiago siendo todavía muy niño y pasó buena parte de su vida en dicha ciudad. Con la muerte de su padre en 1918, abandonó sus estudios para asumir la mantención de su madre y sus numerosos hermanos, comenzando a trabajar como operario linotipista. En esa misma época adoptó su seudónimo a partir del nombre de un amor de adolescencia (Rosa Amelia del Valle), y firmó así su primer libro, Los poemas lunados, publicado en 1920, hecho desaparecer casi totalmente por el autor, lo mismo que otros poemas de la época.

En 1926 publicó Mirador, libro de 19 poemas breves, en los que marcó un quiebre, inaugurando una nueva etapa en su proyecto escritural. Luego publicó País blanco y negro en 1929, Poesía en 1939 y en 1944 una de sus obras fundamentales, Orfeo. En forma paralela, incursionó en narrativa. Escribió el libro de cuentos Las llaves invisibles, el que fue publicado en 1946, y las novelas Eva y la fuga y Elina, aroma terrestre, publicadas en forma póstuma en 1970 y 1983, respectivamente.

Después de trabajar más de 25 años como obrero de imprentas, reportero ocasional y funcionario en el Servicio de Correos y Telégrafos, emigró a Nueva York, contratado como corrector de pruebas de la oficina de publicaciones de la ONU. Allí conoció a Thérèse Dulac, con quien contrajo matrimonio en 1948. Publicó desde entonces los libros de poemas El joven olvido (1949), Fuegos y ceremonias (1952), La visión comunicable (1956) y El corazón escrito (1960), además de su ensayo sobre la poesía de Humberto Díaz-Casanueva La violencia creadora (1959). Desarrolló en forma simultánea una vasta obra como cronista. A fines de 1962, regresó a Chile y se estableció junto a su esposa en Santiago. Publicó un pequeño libro de prosa poética titulado El sol es un pájaro cautivo en el reloj (1963).

Rosamel del Valle murió en Santiago el 22 de septiembre de 1965, dejando terminado su último libro, Adiós enigma tornasol, que se publicaría dos años más tarde.









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