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Reginaldo Vásquez 1903-?

Un solo libro. El Querido Animal, muestra la creación de Reginaldo Vásquez, solitario, habitante de su yo, que en hora provecta llega al mundo de la poesía.
Penetra en zonas humanas, totalmente terrenas, casi sin esperanzas. Azota su canto contra el muro de una vida que se destruye, limitada, donde reina “la pezuña quemante de los dioses”. No hay luz ni alegría en su valle, se alza el árbol de su palabra, martillada e informe, y siempre un sollozo, la angustia, que busca eternidad.
Ubicado al margen de los poetas de su generación, Reginaldo Vásquez ha establecido su voz fuera del concierto.
Obra: El Querido Animal, 1952.

Poesía

Rosa extrema,
impalpable rosa trastornada.
La pezuña quemante de los dioses
abrevando besadas carreras,
se ha detenido en el valle de la inercia,
en los estáticos alientos del sudor,
en el fragante nacer de las entregas.

Yo,
con los aniversarios de mi canto en gracia,
decrépito te escalo con mi frase muerta.

Hay transfiguración,
hay un nuevo semblante en la herida de la espuma.
Verdad, verdad,
de mis lágrimas cae un tigre desollado,
y la más femenina de las horas soba mi piel.

Frente a tus rodillas laicas
el santo y seña del espíritu,
solemne se arrastra frotando aceites.

Cuando venda el último pecado,
compraré la mañana de los bosques.

Eterna novia del perfume triste,
convaleciente,
convaleciente moriré amando tu sonido.


Cortesana

Risa de proscenio, cascabel afónico.
Posada de desposeídos,
cuadro de mujer en tela rota.

Fuiste cristal.
Hoy, espejo arañado por la espalda,
mañana trizado en cruz.

Parpadeo de tarde flagelada,
rezagada ojera del invierno.

Tiene asma el brillo de tus ojos
y tu cuerpo es jarcia de velero cansado.

¡Oh, tu tragedia!
Un abismo viudo te persigue.

Ni siquiera eres esclava del ruego.
Butaca de una función efímera,
rosa de herbario.


Esta información fue tomada de la antología de Carlos René Correa “poetas chilenos del siglo XX” Tomo I, Zig-Zag, Santiago 1972

Juan Mujica de la Fuente 1903-?

Recogido y plácido, dispuesto a la contemplación; posee raíces hispánicas y está afincad en la belleza de su tierra natal, Curicó. Su verso es cotidiano, sin pretenciones de novísima forma. A Juan Mujica parece bastarle una expresión directa, levemente emotiva, que suele transformarse en idílica.Un regusto clásico la encuadra por caminos de perfección y en acento castizo la depura.
Con naturalidad hogareña entrega el testimonio de su creación, que va del hombre al paisaje, con cierta galana forma que, a veces, deslumbra.
En su obra se integran el poeta, el historiador y el genealogista. La vida diplomática lo ha mantenido por largos años alejado del país.
Obra poética: El carro de luz (1935), Camino de esperanza (1951), Horizontes humanos (1971)

La panoplia de espadas

En el muro colgada está pendiente,
como símbolo claro de mi vida,
una panoplia de armas relucida
que acumula la gloria de lo ausente

Es toda de oro como un sol naciente
que lanza luz con gozo desprendido,
entre lampos de acero, confundida,
para alumbrar lo viejo y lo presente.

En ella se han posado tres espadas
para acentuar la fe y la lozanía
de la raza en que tengo carne y alma.

Y al recordar el fin de sus jornadas,
horas sin cuento, grandes de armonía,
se ornan con su laurel y con su palma.


Hogar primario

Penetro en el bastión de la madera
quieta. Por el camino incierto avanzo
dentro del bosque. Voz inadvertida.

Los árboles me huelen. Con sus hojas
llenas de verde savia me interrogan.
Luego cuentan mis pasos silenciosos.

Hilachas de mi espíritu se cuelgan
en espinudas ramas temblorosas,
con inquieta esperanza humedecida,
los tiernos hongos miran desde el suelo.

Atisban pensamientos mis andanzas
bajo la protectora sombra quieta.

Fraterno limbo nos ampara. Junto
con cada planta aspira la hermosura
y murmura un idioma renacido.

Cada minuto entre la amable fronda
se agranda. Es tiempo nuevo, indefinido
para escuchar la savia venturosa.
Prodigiosa riqueza atesorada
con material cariño. Noble tierra
que huele generosa. ¡Cómo nutre
tu savia hecha de luz en cada hoja!

Esta información fue tomada de la antología de Carlos René Correa “poetas chilenos del siglo XX” Tomo I, Zig-Zag, Santiago 1972

Fernando Binvignat 1903-1977

Desde La Serena llega la voz de este poeta que ama la vida provinciana y refleja en su verso una suave ensoñación y una actitud vivida y esperada cada día.Nació en Coquimbo en 1903. Profesor de Castellano en diversos establecimientos de La Serena y Coquimbo. Poeta de acento puro, hay en su labor el signo de una cristalina sugerencia, que se traduce en versos sencillos. Ha cultivado el romance y le agrada jugar con palabras y colores. Binvignat no desdeña las acrobácias poéticas, pero es más hondo su canto cuando refleja una vida interior que se derrama en silenciosa soledad. Fue declarado hijo ilustre de la ciudad de La Serena y en 1960 fue designado Miembro de Número de la Academia de la Lengua. Premio Regional de Literatura del Círculo Carlos Mondaca (1976). Falleció en Coquimbo en 1977.

Obras:
· Canto humilde, poesía, 1922
· Elegía, poesía, 1924
· La luna de oro, poesía, 1926
· Ciudad de bronce, poesía, 1930
· Cántaro, poesía, 1934
· Calle de la Merced, poesía, 1940
· Versos de amor, poesía, 1953
· Madrigal de palomas, poesía, 1964
· El príncipe feliz, poesía, (versificación de la obra de Oscar Wilde), 1965.


La ola

La ola de otra ola paralela,
rueda enhebrando su hialino encaje;
y el fugaz azahar de su ramaje
es un eterno juego de acuarela.

Y entre la flor inmarchitable riela
una canción de celestial linaje,
una canción de proa en el soñar del viaje,
canción de remos de dorada estela.

Abre la playa su bruñido lecho
de la luciente arena agradecida,
como quien a la muerte se abre el pecho.

Y huye la ola por la tarde herida
cual la ventisca de un jazmín deshecho,
como el pañuelo de la despedida.


La muerte de la paloma

Una paloma se murió, ¡Dios mio!
Como una rosa yace sobre el prado.
Por ella el día amaneció nublado
y está llorando de dolor y frío.

Tiene el coral del corazón vacío.
La vena de su arrullo se ha secado
y en su plumaje de fulgor nevado
el cielo se desangra de rocío.

La hierba se le ofrece en verde cuna
para que duerma su quietud de luna
y el jazminero le dará su aroma,

a fin de que hecha flor en Dios despierte
y se olvide del trance de su muerte,
de su temprana muerte de paloma.
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